7500, de Patrick Vollrath.

2/5

Para una película que abre con una cita de Ghandi – «Un ojo por ojo deja al mundo entero ciego», 7500, el primer largometraje de ficción del realizador alemán nominado al Oscar por mejor cortometraje en live-action, Patrick Vollrath (Everything Will Be Okay, 2015), resulta un ejercicio de tensión completamente banal. 

Esta producción original de Amazon Studios tiene un arranque promisorio al trasladar la acción directo a la cabina de un avión secuestrado por terroristas, y aunque Joseph Gordon-Levitt entrega todo de sí como el mesurado co-piloto a cargo de frenar una tragedia, 7500 se queda sin nada que ofrecer pasados los primeros veinte minutos.

Tobias Ellis (Gordon-Levitt) es el segundo piloto en cabina de un vuelo de Berlín a Paris. Antes que el avión se eleve, Tobias discute el futuro con su pareja, una azafata de descendencia turca, ignorando que un grupo de extremistas han abordado el avión para estrellarlo contra una ciudad alemana. Cuando los atacantes logran entrar a la cabina y Michael (Carlo Kitzlinger), el piloto, es seriamente herido, una inmensurable responsabilidad cae sobre los hombros de Tobias, quien debe velar por la seguridad de los pasajeros del vuelo y las personas a miles de pies del avión.

Si 7500 fuera un thriller sin ninguna ambición política a lo mejor funcionara dentro de los confines del “entretenimiento”. Porque incluir una cita de Ghandi que llama por un mundo con más empatía es un recurso que francamente se siente de aficionado. Es como si Vollrath se haya dado cuenta en la sala de montaje del poco poder de su historia y pensara que incluir una cita sería suficiente para guiar al espectador en una película que pretende hablar sobre el hecho que no todos somos tan diferentes: en este caso, un co-piloto y un mártir que parece tener una onza de bondad. Parece siendo la palabra clave.

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Si pensamos en películas que se desarrollan dentro de aviones, 7500 (el código hace alusión a un intento de secuestro) tiene vestigios de Vuelo 93 (Paul Greengrass, 2006) edificando la tensión hasta el momento exacto en que los extremistas fuerzan su entrada. Lo que diferencia a éste de otros thriller en aviones es que, en parte para esconder el bajo costo de producción, el drama se reduce a las dimensiones de la cabina.

La cámara no se despega de Tobias y Michael mientras preparan todo para despegar, lo cual es una propuesta bienvenida. No obstante, que Vollrath haya decidido enfocarse exclusivamente en los pilotos relega el abordaje de los pasajeros, y peor aun, las intenciones de los extremistas, a un segundo plano.

Lo imperdonable del guión, además de hacer de la pareja de Tobias una azafata con el único fin de generar un dilema moral frente a las demandas de los terroristas por tener acceso a la cabina, es que si bien hay un claro mensaje respecto a la empatía, la motivación de uno de los extremistas no parte de una reflexión natural, sino mas bien al hecho de no querer sacrificar su vida por sus ideales religiosos.

Es como resultado de una serie de pobres decisiones que desnudan un director primerizo que 7500 está más cerca de ser un Flightplan (Robert Schwentke, 2005) que de un Vuelo 93.

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