Review: Deadpool 2 – Metadiscurso superhéroe

Por Julio Fernando Navas

Hay quienes piensan que, así como el western en su tiempo, la llama que mantiene al cine de superhéroes con vida está destinada a extinguirse. Aquello suena descabellado no sólo por la gran demanda que existe hacia el género, sino porque su material de origen – los cómics – proveen una excusa continua para seguir haciéndolo. En mi crítica de Avengers: Infinity War mencioné que indudablemente es una de las mejores y más grandes entregas del Universo Cinematográfico de Marvel, pero que después de 19 películas queda una sensación de que el género se está corroyendo con rapidez.

El western no es el único ejemplo del posible futuro que le depare al cine de superhéroes, pues el horror también se vio aquejado por lo mismo hasta que llegaron películas que trataron de innovarlo como Scream: Vigila quién llama (Wes Craven, 1996) y La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012). De las seis películas de superhéroes que llegan este año a los cines – no cuento las animaciones Los Increíbles 2 y Spider-Man: Un nuevo universo – Deadpool 2 tiene buenas probabilidades de ser una de las más memorables. Es superior a su antecesora y más importante que eso, el director David Leitch (Rubia atómica, 2017) y Ryan Reynolds comprenden que una de las formas más efectivas de hacer cine de superhéroes es haciendo mofa de él.

Después de perder a Vanessa (Morena Baccarin) a manos de un asesino a sueldo, Wade Wilson/ Deadpool (Reynolds) no quiere continuar viviendo. Incapaz de morir por sus poderes, Deadpool es convencido por Colossus (Stefan Kapičić) de unirse a los X-Men para que pueda ser una buena persona. Motivado por la idea de hacer el bien, Deadpool, Colossus y Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand) atienden a un llamado de un centro de rehabilitación donde un mutante adolescente, Russell Collins/ Firefist (Julian Dennison), está provocando estragos. Al violar las normas de un X-Men y asesinar a un guardia cuando descubre que Russell había sufrido abuso, Deadpool es arrestado y enviado a una prisión para mutantes. Sin poderes ni deseos de vivir, Deadpool se ve obligado a recomponer su vida ayudando a Russell, quien es blanco de Cable (Josh Brolin), un peligroso mutante que viene del futuro.

Si hubo algo que no me sedujo de Deadpool (Tim Miller, 2016) a diferencia del resto fue que era una película que pretendía construir una crítica hacia el género pensando que, al incluirse en esa suerte de roasting tendría más derecho de poner en práctica lo que cuestionaba. En ese apartado Deadpool 2 no difiere mucho porque las críticas están ahí (a la “oscuridad” del Universo Cinematográfico de DC, los aterrizajes superhéroe y otras malas costumbres), sólo que ahora no se sienten como un mero artificio.

No caben dudas que las características cómicas de Deadpool se han explotado bastante bien en las dos películas, pero como personaje, Deadpool 2 nos muestra el lado más humano de Wade. Aunque su viaje, por así decirlo, no podría ser más previsible (redimirse tratando de salvar a otro mutante como él después de la muerte de su novia) da como resultado algunos de los mejores momentos de la película, como Wade tratando de ganarse un lugar como un X-Men, la formación de la X-Force y su confrontación con el genial Cable de Brolin, otro antihéroe que se ve confrontado con la posibilidad de aceptar su humanidad.

Quizás, la regla más valiosa que rompe Deadpool 2 es el principio que una secuela no puede ser mejor que la original, porque en ese sentido esta entrega es más grande, irreverente, astuta y significativa que su antecesora.

8/10