Review: Room

Room

El mundo es un lugar mágico, ¿pero qué pasa cuando lo olvidamos? El director Lenny Abrahamson (Frank) pone esta conjetura a prueba en la adaptación de Room. Inspirada en la aclamada obra de la novelista Emma Donoghe — también redactó el guión —, Room supone el esperado breakout de Brie Larson, quien potencialmente se ha erguido con la mejor performance del año.

Room se siente como dos películas en una — empieza como un thriller bastante sentimentalista y termina como un drama sobre una familia que intenta adaptarse al ¨mundo real¨ —, pero Abrahamson virtuosamente ha moldeado un trabajo igual de potente en actuaciones como en emoción y dramatismo.

Joy (Larson) le ha enseñado a su pequeño hijo Jack (Jacob Tremblay) que todo lo que existe en el mundo es la habitación donde han estado cautivos por años. En el quinto cumpleaños de su hijo, Joy pone en marcha un plan de escape para abandonar la habitación en la que ha estado cautiva por siete años luego de ser secuestrada por su captor, el Viejo Nick (Sean Bridgers).

Room

Lo que hace especial a Room, es que en el fondo, o al menos en su primer acto, se comporta como un thriller donde una madre orquesta su escape usando a su hijo. Suena algo frío, sí, pero es fácil aceptar cualquier medida — por más extrema que sea — que Joy tome para regresar al mundo que conoce. El guión ejerce cambios tonales, pero no se perciben forzado. Si en una escena vemos la inocencia de Jack mientras interactúa con lo que él cree que está comprendido todo el mundo (objetos como un televisor y una lampara son su compañía), a la siguiente vemos al Viejo Nick abusando y maltratando verbalmente a su Joy.

Podría establecerse que la temática principal de Room es la maternidad, pero es claro que Abrahamson está interesado en formular una pregunta: ¿qué hace especial al mundo? En Boyhood, su odisea coming-of-age, Richard Linklater, muy vagamente, lo plantea de esta manera: “¿Y que si te digo que debajo del mar hay un animal que usa un sonar y que canta canciones, y que su corazón es del tamaño de una auto? ¿Y que podrías nadar a través de sus arterias? Digo, pensarías que eso es mágico, ¿verdad?” Abrahamson tampoco tiene como prioridad explicar qué hace mágico a un lugar — evidentemente, Room es un estudio del amor y la maternidad —, pero al menos suelta un concepto que en papel es interesante,  aun cuando no está tan trabajado como debería.

Room

Para una película que obliga al espectador a permanecer por más de una hora en los confines de una habitación, la puesta en escena le provee de dimensión al pequeño mundo que supone la estación de trabajo de Abrahamson, quien apoyado por la fotografía de Danny Cohen (recurre a planos cerrados para aprovechar el potencial actoral y hacer que la habitación luzca más grande de lo que realmente es), logra impregnar de magia un lugar sumido en tragedia.

Ya para su segundo acto, Room pierde ímpetu, pero no por eso deja de ser un intrigante estudio de personaje que, pese a sentirse como un ejercicio, es capaz de dar un buen punch emocional gracias a la reafirmación de Larson como una actriz de primera y a la revelación de Tremblay.

9/10

Room Poster