Honeyland, de Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov

3.5/5

Fieles al estilo del Cinéma Vérité, los documentalistas nativos de Macedonia, Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov, capturan en Honeyland el día a día de Hatidže Muratova, una dedicada apicultora que arriesga su vida recolectando miel para cuidar de su moribunda madre y darse pequeños “lujos” como comprar tinte de cabello en el mercado de la ciudad más aledaña.

El documental, galardonado a más no poder en la edición 2019 de Sundance y nominado dos veces al Oscar, representa una valiosa mirada antropológica hacia una comuna al borde de la desaparición.

Hatidže vive en una pequeña casa, un cuarto en realidad, con su madre de 85 años que ha perdido parcialmente la visión. Cada verano recolecta panales de una colmena en una montaña para extraer la miel y venderla enfrascada en la ciudad capital, Kozovo. Hatidže mantiene una relación armoniosa con las abejas, y aunque solitaria y frustrada por sus anhelos maternales, lleva una vida tranquila. Todo cambia, no obstante, cuando una numerosa familia turca se muda al terreno continuo y atentan contra su práctica apicultora.

Honeyland responde a un clásico documental observacional. No hay una narración tradicional ni intertítulos que repasen los múltiples conflictos. Kotevska y Stefanov plantan su cámara para retratar a Hatidže de la forma más natural – y menos intervenida – posible. Hay una cierta belleza en los planos de las montañas y las planicies de Bekirlijia, pero son las escenas que tienen lugar en la casa, compuestas como si se tratasen de pinturas barrocas, las que quitan el aliento.

El aspecto apicultor sostiene el relato durante los primeros minutos, pero Kotevska y Stefanov se ven seducidos por el tema más grande de su película: la industralización. Más que para vender su miel y abastecerse con lo que le alcance, Hatidže no mantiene un contacto con el mundo exterior. Pero es el mundo exterior, representado a través de la disfuncional, bulliciosa y egoísta familia turca que llega en una casa rodante para asentarse con su ganado, lo que irrumpe con la cotidianidad de Hatidže. Esta irrupción, cual una plaga, afecta la forma en la que ella subsiste, pues el troglodita patriarca turco se interesa en la apicultura y acaba explotando a las abejas – además de sus hijos -, aun cuando fue advertido respecto a tomar toda la miel.

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Puede que un punto Honeyland se sienta sobrecargada por todo lo que pretende abarcar en menos de noventa minutos (industralización, muerte, apicultura), pero el enorme valor antropológico que posee es innegable.

Una mirada cálida y humana hacia la otredad. 

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