Crítica: Nace una estrella – Tibio debut de Bradley Cooper detrás de cámaras

Por Julio Fernando Navas

Sería apropiado que el nombre de la ópera prima de Bradley Cooper, Nace una estrella, haga referencia al descubrimiento de un gran realizador o la revelación de una gran actriz en Lady Gaga. Pero el título de éste, el cuarto remake inspirado en el filme homónimo de 1937, no responde a ninguna de esas hipótesis.

Aunque bien actuada, Nace una estrella no sólo remite mucho otro drama musical como Loco corazón (Scott Cooper, 2009), sino que es una película que apuesta por lo seguro al contarnos la historia de un músico alcohólico que conoce a una cantante con grandes aspiraciones. No hace falta añadir que un romance florece entre ambos ya que Nace una estrella es ese tipo de película.

Jackson Mayne (Cooper) es un cantante de country que está perdiendo su audición y su batalla contra la adicción al alcohol. Después de uno de sus conciertos conoce a Ally (Gaga), una tímida mesera que aspira a tener una carrera en la industria musical. Impresionado por su despliegue sobre el escenario, Jackson la invita a uno de sus conciertos y es así como llegamos al título de la película.

De entrada, el atractivo más grande de Nace una estrella reside en el hecho de ser la primera película de Cooper como director y el primer trabajo protagónico de la cantante, quien ha hecho apariciones menores en filmes de género. Despojada de la singularidad que yace detrás y delante de cámaras, Nace una estrella es un drama musical como cualquier otro. Un film cuya estructura narrativa se conoce al revés y al derecho. Y eso es algo de lo que cualquier se puede percatar a partir de la segunda escena cuando, por “obra del destino”, Jackson descubre a Ally después de un concierto en una cantina.

Aunque el libreto no es el mejor atributo de la película – es lo primero que Cooper escribe en su carrera –, Nace una estrella pierde una buena oportunidad al no explotar la cualidad actoral de Gaga. La cantante tiene sus momentos, pero son reducidos en comparación con sus números musicales. Cuando los créditos ruedan llegamos a una conclusión que ya sabíamos antes de entrar a la sala: Lady Gaga puede cantar. Lo que está bajo tela de duda es si Cooper puede escribir.

Dado los lugares comunes del género a los que nos lleva la película – no es más que un retrato sobre la adicción, la autodestrucción y las consecuencias de la fama -, en ese sentido Nace una estrella recuerda bastante a La La Land: una historia de amor (Demian Chazelle, 2016), otro film ordinario que prospera a momentos por sus números musicales. Obviamente La La Land está destinada a convertirse en una referente del cine musical por capturar la esencia de los clásicos del género. No se puede decir lo mismo de Nace una estrella.

El consagratorio trabajo actoral de Gaga – y algunos buenos duetos como “Shallow” – hacen que las más de dos horas de Nace una estrella sean tolerables aun cuando sentimos que ya hemos visto esta misma película muchas otras veces.

6/10

Podría interesarte