Críticas

Crítica: Steve Jobs

3.5/5

Las mentes más brillantes tienden a ser las más complicadas. Tuvieron que pasar cuatro años para que el genio de Steve Jobs sea representado en una obra autobiográfica que honre su nombre, legado, y aportación como el pionero de la computadora personal.

El reencuentro entre David FincherAaron Sorkin después de la magistral La red social era una idea tentadora, pero Danny Boyle es Danny Boyle, y después de su tibio thriller estrenado dos años atrás, En trance, el cineasta reafirma sus dotes como un director interesado tanto en la estética como en la sustancia de sus películas. Aun cuando Steve Jobs, su segunda realización biográfica — la primera siendo 127 horas —, logra apilar tensión sin saber cómo liberarla.

Es 1984 y Steve Jobs (Michael Fassbender) se prepara para salir al escenario y presentar la primera Macintosh. Cuando el costoso computador es un fracaso en ventas, Jobs es despedido de la compañía que co-fundó. Cuatro años después, Jobs, con la ayuda de su fiel ejecutiva de mercadeo, Joanna Hoffman (Kate Winslet), funda NeXT e introduce un nuevo sistema que también fracasa en el mercado. Cuando Apple, al borde de la quiebra, despide a John Sculley (Jeff Daniels), procede a comprar NeXT y a fijar a Jobs como el CEO de la compañía. En 1998, presenta la primera iMac.

Sé que la forma en la que describí el argumento de la película es tosca, pero es la única en la que se puede hablar la premisa de un drama dividido en tres secuencias, las cuales se entienden que son los tres lanzamientos que definieron la vida profesional y personal de un líder con tantos defectos como Jobs, ya que como él admite a su distanciada hija, “fui pobremente construido.”

Lo peor que puedes decir de La red social es que es “la película de Facebook”, así como lo peor que puedes decir de Steve Jobs es que es “la película sobre dos de los más importantes lanzamiento de Apple”. Que Aaron Sorkin haya escrito el guión de ambos films no es la única coincidencia que los dos trabajos comparten. Steve Jobs, y especialmente The Social Network, no sólo retratan el proceso de invención de cosas como una iMac o Facebook, sino la odisea que sus inventores (o en el caso de Jobs, algo como una especie de coordinador, o como él se describe, “un conductor que dirige a una orquesta”) atravesaron para alcanzar la grandeza que envisionaron para cambiar al mundo.

Nadie va a discutir el talento de Sorkin como escritor. La red social es una obra maestra por el guión, agudo y agresivo, redactado por el creador de The Newsroom. Sin embargo, en algunos pasajes de Steve Jobs, Sorkin, o es muy condescendiente o se quiere pasar de muy listo apoyándose sobre el uso metáforas. Y con ello me refiero a Jobs explicándole a medio mundo lo que tiene que hacer usándolas. Algunas son ingeniosas, pero el mecanismo narrativo no tarda en extinguirse.

El cine es una labor en conjunto, y sin importar qué tan buen escritor sea Sorkin, su guión fuera incapaz de dejar una huella de no tener a un actor protagónico sólido al frente. Afortunadamente, Fassbender, una opción al comienzo dudosa, responde con una de las mejores caracterizaciones del año. Fassbender no podrá ser tan parecido al Jobs pre-iMac, pero lo compensa estando a la altura del intenso guión de Sorkin y a la dirección de Boyle, tan energética como de costumbre.

Por si el nombre no la delata, Steve Jobs es una película de personaje, y quizás, la más hablada (en cuestiones de diálogo) del año. Estructurando la película en tres secuencias (rompe la monotonía con flashblacks), cada una previo al lanzamiento de un producto, Boyle desafía la estructura narrativa convencional, y más que salirse con la suya, logra mantenernos al borde del asiento gracias al talento de sus actores y a su espontaneidad como director.

Para ser una biopic de un personaje tan celebrado, Steve Jobs no escandaliza ni embellece la vida de la figura central del relato. La adaptación retrata los problemas de Jobs con el otro co-fundador de Apple, Steve Wozniak (Seth Rogen), y con la madre de su hija, Chrisann (Katherine Waterstone), y lo más probable es que piensen que Jobs era un verdadero idiota. Cuando vean Steve Jobs, quizás tendrán el mismo sabor de boca que con La red social: la línea entre genialidad e idiotez es casi difusa.

Steve Jobs / Póster

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