Con Ruben Fleischer (Venom) de regreso en la silla del director y todo el reparto original a su disposición, Zombieand 2: tiro de gracia trata de refrescar las cosas introduciendo nuevos zombies y reglas de superviviencia, pero a diferencia de su antecesora, ésta llega en un momento en el que el género ha perdido casi toda su gracia.

3/5

El historial de secuelas fallidas es amplio, pero cuando se trata de comedias el patrón es reincidente. A lo largo de los años los estudios continúan apostando por continuaciones que sobran, y aunque la de Zombieland  llegó una década después de su estreno, y no es que alguien se haya opuesto, su existencia está plenamente justificada. 

Con Ruben Fleischer (Venom) de regreso en la silla del director y todo el reparto original a su disposición, Zombieand 2: tiro de gracia trata de refrescar las cosas introduciendo nuevos zombies y reglas de superviviencia, pero a diferencia de su antecesora, ésta llega en un momento en el que el género ha perdido casi toda su gracia.

Diez años después que el virus se esparciera, Columbus (Jesse Eisenberg), Tallahassee (Woody Harrelson), Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigal Breslin) han tomado refugio en La Casa Blanca. La intención de Columbus de formalizar su relación con Wichita y la sobreprotección de Tallahassee sobre Little Rock provoca que ambas se marchen, otra vez. No obstante, cuando Little Rock abandona a Wichita para escaparse con Berkeley (Avan Jogia), un hippie que promete llevarla a Babylon, una comunidad pacifista, Wichita no tiene de otra que recurrir a Columbus y a Tallahassee para dar con su paradero.

Una de las razones por las que Tiro de gracia no se aproxima a ser tan efectiva como su antecesora es porque en el 2009 The Walking Dead  sólo existía en la forma de cómic y lo más reciente que se había visto de una parodia zombie era Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004).

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Pongo esto en perspectiva porque Tiro de gracia parece una cinta empecinada con pulirse a sí misma. Y con pulido me refiero a algo que es lo mismo, solo que ligeramente retocado. Columbus y su versión espejo que conocemos a mitad de película, Flagstaff (Thomas Middleditch, Sillicon Valley), introducen un sinnúmero de nuevas reglas de supervivencia, hay zombies evolucionados y en vez de la mansión de Bill Murray ahora visitamos la mansión de Elveys Presley. De ahí, todo sigue siendo lo mismo y hasta un poco peor, porque ahora tenemos el estereotipo de la rubia tonta y al hippie que sí fuma marihuana. La secuencia inicial a cámara lenta es idéntica pero menos efectiva sin ‘For Whom the Bell Tolls’ de fondo.

En esencia, y es algo que se hace bastante obvio desde el momento que Wichita y Little Rock abandonan a Columbus y Tallahassee, Tiro de gracia es como un remake de Zombieland adaptado para estos tiempos modernos. Un remake en el que Babylon, la comuna en la que el punto climático se desarrolla, está plagada de justicieros sociales que no toleran estar cerca de un arma de fuego.

Como mencioné en la introducción, no es que la idea de una secuela de Zombieland haya sido resistida porque hasta yo quería verla, incluso a sabiendas que las secuelas de películas cómicas carecen de toda sustancia (¿Qué pasó ayer? Parte 2, Quiero matar a mi jefe 2, Ted 2; la lista es larga).

Pero si algo funciona en tiro de gracia es el factor nostalgia, y eso apenas basta.

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