Review: Dunkirk – Heroísmo Colectivo, Personajes Olvidables

Por Julio Fernando Navas

Incluso cuando el género bélico carece de un número significativo de exponentes notables, sólo basta con echar un vistazo a las películas que corresponden al mismo para preguntarnos qué resta por ser añadido, o si en realidad hay algo por agregar. Ciertamente ninguna película puede aspirar a alcanzar la visceralidad de Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998) o ese sinsentido que se ve en The Hurt Locker (Kathryn Bigelow, 2009).

Entre estos dos polos, por así decirlo, se encuentra Dunkirk, la primera incursión de Christopher Nolan dentro del género y su cuarto trabajo en solitario como escritor, el cual dicho sea de paso resulta como el más penoso. Nolan merece crédito por meterse en camisa de once varas, otra vez, pero Dunkirk se siente como un pretexto suyo por codearse con los grandes cineastas que han logrado dejar una marca.

Inspirada en hechos reales y situada durante la Segunda Guerra Mundial entre mar, tierra y aire, Dunkirk sigue a los miembros de las Fuerzas Aliadas mientras intentan escapar con vida a pesar de ser superados considerablemente en número por el ejercito de la Alemania Nazi.

Si Nolan merece crédito es por ser un cineasta visionario, pero, como comprobamos en Interstellar, su sobrecogedora carta de amor a la ciencia ficción, su ambición es un arma de doble filo. Y es que el que ha visto las referentes del género no verá gran cosa en Dunkirk, además de la hermosa fotografía de Hoyte van Hoytema, las composiciones de Hans Zimmer o el impecable — y a veces desapercibido — trabajo de sonido.

En defensa de la película uno podría argumentar cómo Nolan y Hoytema lograron encontrar belleza en el corazón de la guerra. Pero deberíamos preguntarnos, ¿eso no se ha hecho ya? Terrence Malick, a quien Nolan claramente admira, ¿no nos entregó una pintura en The Thin Red Line? Quizás, la única singularidad de Dunkirk es que apenas dura cien minutos, pero la ausencia de un protagonista hace que la sintamos tan larga como The Bridge on River Kwai (David Lean, 1957).

Los eventos de Dunkirk se desarrollan en tres escenarios, pero en ninguno conocemos a un personaje que sea capaz de conducir la trama, y es porque no existe. Apenas hay diálogo y con suerte podrán recordar nombres. Sin embargo, es rescatable el desinterés con el que la película aborda el concepto de heroísmo. De propaganda Dunkirk no tiene nada.

Dunkirk es un film más contenido donde la tensión y el suspenso fluyen mejor. Aquí no hay grandes explosiones, balaceras interminables o momentos heroicos exagerados. La construcción del heroísmo no es individual, es colectiva. Quizás en eso Dunkirk es diferente al resto. Pero para cuando ruedan los créditos no se puede decir que se ha atestiguado algo memorable.

7/10