Crítica: Spectre

2.5/5

En 2006, Martin Campbell llevó a Bond a sitiales inalcanzables con Casino Royale. Acto seguido, Marc Foster frenaría el ímpetu con la tímida Quamtum of Solace, sólo para recobrar vida con la fantástica Operación Skyfall de la mano de Sam Mendes. La llegada de Spectre ha dejado al descubierto lo siguiente: o la fórmula ya no funciona, Daniel Craig ya no pega o quizás lo que la franquicia necesite sea de una voz nueva que le dé frescura a una estructura repetitiva.

Y es que no todos ligados a la producción de ésta, la vigesimocuarta aventura de Bond, estaban particularmente entusiasmados por trabajar en ella. Sony, después de meses, convenció a Mendes de regresar a la silla del director. Craig hace poco declaró que preferiría cortarse las venas de tener que volver a interpretar al personaje. Sabemos que hay sarcasmo en su revelación, pero si algo nos dice, es que ya no quiere ser Bond. Spectre se siente como un trabajo forzado que se queda corta en todo en comparación a su antecesora.

Es el Día de los Muertos y Bond (Craig), apropiadamente, continua dejando un rastro de cadáveres. Su irresponsabilidad en el campo ha puesto en aprietos a la MI6, y mientras trabaja en cubierto a las espaldas de la organización para la que trabaja y el nuevo M (Ralph Fiennes), debe descifrar un mensaje críptico de SPECTRE, organización terrorista encabezada por Franz Oberhauser (Christoph Waltz), quien está más relacionado al pasado de Bond más de lo que él imagina.

El producto final que llega a los cines es tan desalentador que no tengo idea por dónde empezar a desmenuzar sus defectos. Iniciemos resaltando lo mejor que Spectre ha hecho por el personaje: Bond no es misógino… más o menos. Si de algo se ha criticado al personaje es que las mujeres que rodean su vida son como cualquier otro lujoso gadget que lo acompaña en sus misiones. Sin entrar en spoilers, y aunque más de una es la chica Bond de turno, en Spectre, el personaje parece querer asentarse, lo cual eleva la posibilidad de que esta haya sido la última vez que Craig lo interprete.

En Spectre, Craig interpreta a Bond en piloto automático. El actor parece no estar interesado, y casi todas sus escenas, o carecen de vida o las opacan otros actores como Ben Whishaw o Léa Seydoux. El guión, co-escrito por cuatro personas (entre ellas, John  Logan) no desarrolla en absoluto su conflicto con el M de Ralph Fiennes, y su relación con Eve (Naomie Harris) se mantiene igual de ambigua que en Operación Skyfall.

En Skyfall encontramos a Bond en su estado más bajo. El nombre de la película está inspirado en su caída. Spectre retoma la historia sin saber qué hacer o dónde llevar al personaje. Sabemos que la imprudencia de Bond continúa siendo un problema para MI6, pero como dije, el conflicto (si es que hay uno además de detener los planes del villano de turno) no estudia la relación que Bond mantiene con su nuevo jefe, algo que Skyfall sugirió que se exploraría.

La idea de Mendes de mejorar su trabajo anterior es atontar los set pieces haciéndolos más grandes, inverosímiles, y escandalosos. Mendes reemplaza emociones bien logradas por explosiones y edificios que colapsan. Uno percibe que detrás de la secuencia inicial de Operación Skyfall en Estambul hubo planificación. La de Spectre parece haber sido ideada sólo para no romper con la tradición de las tres anteriores películas. Es un guiño sutil ambientar la primera secuencia de Spectre durante el Día de los Muertos (técnicamente, Bond lleva esa festividad consigo a donde quiera que vaya), pero la secuencia es demasiado pobre, y el desenlace no se acerca al nivel emocional levantado por Operación Skyfall.

Spectre es, tal vez, el trabajo más íntimo en el que hemos visto a Craig traer a la vida al personaje. Sin embargo, seguir a Bond por casi tres horas no resulta interesante como antes. Hoyte van Hoytema se asegura que Spectre luzca tan bien como un comercial de prendas de alta costura, pero sumado a un villano de cartón como el Oberhauser de Waltz, y un tema musical flojo como “Writting’s on the Wall” (“Skyfall” de Adele, clase aparte), Spectre se siente como un trabajo llevado acabado por obligaciones contractuales, mas no por pasión.

Ignorando por un instante que la película se queda corta en todo lo que hace grandiosa a su antecesora (la secuencia inicial, el tema musical, el villano, el punto climático, etcétera), es Craig, falto de inspiración, quien pone el último clavo a este ataúd llamado Spectre. Quizás, para la próxima, con un nuevo director y alguien que disfrute hacer de Bond, ver a nuestro agente favorito no será tan tedioso.

Spectre - Póster