Canadá | 93 minutos | Terror

Las nuevas formas de expresión han encontrado en la oralidad, puntualmente el formato del podcast, un novedoso vehículo narrativo.

Hacía diez años Eliminar amigo hizo plausible la idea de un fantasma rencoroso que atormentaba a unos bullies en una sesión de Skype. El concepto, asistido por la pandemia del coronavirus, cobró vida en 2020 con Host, un modesto mediometraje donde un grupo de amigos organiza una sesión espiritista – que sale mal – por Zoom. En tiempos donde hasta tu amigo más tonto puede explayarse en debates inanes con un podcast en Spotify se suma Undertone: frecuencia maldita. Con el devaluado sello de A24, este ejercicio, a ratos muy sensorial, usa todos los recursos a disposición para compensar el hecho que transita por las avenidas más colmadas del género: un demonio ancestral, voces distorcionadas, iconografía religiosa y hasta el estridente pitido de una tetera para generar tensión. Pero no es lo que cuentas, sino cómo lo haces.

Evy (Nina Kiri) es la joven presentadora de un podcast de terror sobrenatural llamado The Undertone. En el piso de arriba, su madre, de quien cuida rigurosamente, reposa en un estado casi vegetativo. Una madrugada, Evy y su coanfritrión Justin (Adam DiMarco) reciben un misterioso email que contiene diez pistas de audio. En ellas, un seguidor anónimo del programa afirma que su novia, mientras duerme, habla al revés. Indecisos sobre la veracidad de los archivos detrás de una supuesta posesión demoniaca, Evy y Justin comienzan a experimentar sucesos paranormales.

Los primeros minutos de Undertone también son de los peores. El guión del director Ian Tuason es un aguacero de exposición que repasa, con el mismo decoro de un universitario leyendo diapositivas de Powerpoint – con búsqueda de Google incluida – el lore detrás de Abyzou, un demonio, cuya leyenda se data al este de Europa, que odia niños y provoca malpartos. Hasta aquí todo muy ordinario.

En más de una ocasión, Undertone se ve tentada por ceder ante el efectismo barato que ha tomado de rehenes voluntarios a otras propuestas del género, pero Tuason afortunadamente entiende que mantener al espectador en vilo es peor, en el buen sentido de la palabra, que jugar con los niveles del sonido para asegurar un susto fugaz y plano que rompe con la ilusión de la obra.

Con el limitante de una sola locación (un angosto y fúnebre departamento de dos plantas), la composición, los encuadres, el fuera de foco y el paisaje sonoro se amalgaman para edificar una atmósfera insoportable que resulta en el hallazgo más memorable de la película.

El esquema de El podcast y la naturaleza de sueño febril de Skinamirank vendrán a la mente, y nuestra protagonista es un cúmulo de conflictos forzados (madre enferma, novio ausente, adoctrinamiento forzado) pero, cuando se lo propone, Undertone: frecuencia maldita entrega imágenes (y sonidos) que se quedan contigo. Y eso es cine. O, en este contexto, el noble intento de.

Undertone: frecuencia maldita ya se encuentra disponible en HBO Max.

Cine Canibal.
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