Estados Unidos | Documental | 112 minutos | Festival de Venecia

Está inscrito en piedra que todo cineasta, por más que el ego le nuble le razón, en algún momento de su carrera deberá enfrentarse a una obra que no dejará ileso su espíritu, su reputación o ambas consideraciones.

A Terry Gillian le tomó casi tres décadas completar su adaptación del Quijote de Cervantes, y lo más probable es que Francis Ford Coppola todavía sienta en alma, cuerpo y bolsillo los estragos de entregar al mundo obras monumentales como Apocalypse Now y, en detrimento suyo, Megalopopis. La filmación de estos proyectos dejó registros, tres grandes documentales1 de inconmensurable valor en las escuelas de cine, que exceden el artificio de un simple making-of, desvelando el arduo sacrificio que implica para un auteur ser fiel a su visión dentro del rígido sistema de estudios.

Fuera de estas ligas, pero no por eso menos digno de nuestra atención, encontramos el caso de John Boorman. Nacido en Inglaterra y nominado cinco veces al Oscar, Boorman es mejor conocido por dirigir, entre otros títulos, Deliverance (infame thriller de 1972 donde un grupo de rednecks ultrajan a Jon Voight al pie de un riachuelo) y la fallida, por cualquier prisma desde el que se la mire, secuela de El exorcista.

Yellow Viel Pictures.

Boorman and the Devil, de David Kittredge, repasa el cúmulo de infortunios alrededor de lo que finalmente iría a ser El exorcista 2: el hereje, una producción marcada por decisiones creativas cuestionables y hasta negligentes (en nombre del oficio, Linda Blair caminó sobre una cornisa, a cientos de pies del concreto, que podía, o no, haber tenido una red de seguridad funcional), nepotismo (un guionista en set que retocaba el guión a su antojo), un actor que brilló por su falta de compromiso (Richard Burton disputándole el título de divo a Marlon Brando) y la avaricia de Warner Bros. de lucrar con el boom de aquella época con las secuelas. Hollywood ya era otro.

El relato de Boorman and the Devil, a ratos muy dado a la comicidad de situaciones muy puntuales, es tejido a través de material de archivo, simpáticas recreaciones en 2D y los testimonios de quienes vivieron los acontecimientos desde un set que, de no ser por el factor humano, lo más conveniente hubiera sido culpar a Pazuzu, el ancestral demonio que toma control de Reagen en la obra maestra de Friedkin.

Aunque no se gana nada llorando sobre leche derramada cuatro décadas después, el documental de Kittredge se presta como una piadosa mirada sobre el grado de destreza (el sacrificado equipo de arte engañó al ojo recreando un pedazo de Etiopía en un lote de Warner) de los artesanos de la puesta en escena requerido incluso a la hora de filmar un desastre.

Boorman and the Devil es distribuida en Estados Unidos por Yellow Viel Pictures.

  1. Lost in La Mancha (Keith Fulton, Louis Pepe, 2005), Hearts of Darkness: A Flmmakers Apocalypse (Eleanor Coppola, 1991), Megadoc (Mike Figgis, 2025) ↩︎

Yellow Viel Pictures.

 

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