Una utopía es un término tan alejado de la realidad que ingresa en los confines de la fantasía. Tomorrowland del director Brad Bird (Misión imposible: protocolo fantasma), es un film con buenas intenciones, pero entre un guión bastante flojo (le acreditamos eso a Damon Lindelof), personajes blandos y poco trabajados, y un giro que carece de transcendencia, lo único digno de celebrar son sus efectos visuales y la dirección de Bird. Tomorrowland nunca alcanza su verdadero potencial ni ofrece el tipo de entretenimiento que debería ofrecer.

3/5

¿Quién no ha pensado en un futuro mejor? Vivimos en un lugar que gradualmente colapsa, y con ello, sólo encontramos alivio dentro de las dimensiones de un mundo personalizado, creado por nosotros, donde quisiéramos que las cosas sean como deberían ser. Una utopía. Nuestro lugar deseado para vivir. 

Una utopía es un término tan alejado de la realidad que ingresa en los confines de la fantasía. Tomorrowland del director Brad Bird (Misión imposible: protocolo fantasma), es un film con buenas intenciones, pero entre un guión bastante flojo (le acreditamos eso a Damon Lindelof), personajes blandos y poco trabajados, y un giro que carece de transcendencia, lo único digno de celebrar son sus efectos visuales y la dirección de Bird. Tomorrowland nunca alcanza su verdadero potencial ni ofrece el tipo de entretenimiento que debería ofrecer.

Casey (Britt Robertson) es una optimista entusiasta de la ciencia que cree que puede haber un mundo mejor. Cuando una noche es atrapada por escabullirse ilegalmente en una zona de despegue de la NASA, es detenida. Al ser liberada cuando su padre, Eddie Newton (Tim McGraw), un inventor desempleado, paga su fianza, encuentra entre sus posesiones un misterioso botón que sólo al ser tocado por ella la lleva a un indescriptible lugar entre el tiempo y el espacio conocido como Tomorrowland.

Quisiera hablar más del argumento de la película, pero no tengo mucho que decir. Después de la hora de metraje, no sabemos qué buscan estos personajes. Un guión tan flojo como este, co-escrito por Bird y Lindelof, da la impresión de haber sido redactado durante pleno rodaje. Sabemos que los personajes están en búsqueda de algo, pero el espectador no tiene de otra que seguirlos en un viaje de dos horas donde poco o nada es explicado.

Es detestable, y hasta cierto punto hilarante, cuando el guión de una película está tan encaprichado en querer hacerle entender a una audiencia las aptitudes que definen a un personaje. En papel, Casey puede ser entusiasta y optimista, pero nunca lo demuestra. Ese es el tipo de cosas que tienen que ser probadas con acciones, no con palabras, y eso es lo que Bird y Lindelof no entienden. Su idea de alguien ¨entusiasta¨ es de alguien que se escabulle dentro de una estación de despegue de la NASA a ser desmantelada.

George Clooney entra en la historia como Frank, un inventor que alguna vez vivió en Tomorrowland hasta que fue expulsado por David Nix (Hugh Laurie), el encargado del lugar. Frank es el personaje más desarrollado de toda la película (conocemos su pasado como un ¨entusiasta¨), pero su presencia en ella es totalmente trivial. El único fin de Frank en el film es de ser un ejemplo ambulante de las personas que han perdido la esperanza. Es un vehículo con el cual el guión puede hacer lucir mejor a Casey como una persona que no la ha perdido.

Bird sabe escribir y dirigir acción. Su ingenio se ha traducido a films como Protocolo fantasma y animaciones como Los increíbles. Los puntos más fuertes de Tomorrowland está en sus pequeños set pieces, fantásticos efectos visuales, y en la agradable y honesta performance de Robertson. Sin embargo, debo decir que para ser una película de casi $200 millones de dólares, es demasiado dependiente del CGI.

Tomorrowland quiere ser ésa película moralista, pero carece de buenos personajes y un guión que sea entendible como para querer comunicar un mensaje en primer lugar. Es por momentos divertida gracias a Robertson y a un Clooney que hace de todo un ermitaño, pero es difícil seguirle el hilo a una película que no sabe dónde llevar a su audiencia.

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