Japón, Francia | 118 minutos | Drama | Festival de Cannes

Durante mi reveladora primera lectura de El extranjero de Albert Camus, comprendí que el mundo, como lo conocemos, no hace ningún sentido, y tampoco tiene porqué hacerlo; es el hombre, en su afán antropocentrista, quien busca nutrir de sentido a lo que entiende por absurdo, de racionalizar sus penas y desgracias y así, tal vez, encontrar resignación.

En Renoir, estrenada dentro de competición en la pasada cita del Festival de Cannes, la inocente mirada de una niña de 11 años sirve a la realizadora japonesa Chie Hayakawa (Plan 75) como un lienzo en blanco para esbozar una radiografía sobre el dolor, la empatía y, en última instancia, la naturaleza humana.

Una noche, Fuki (Yui Suzuki), una estudiante del quinto grado, experimenta un vívido sueño (¿pesadilla?) donde es estrangulada en su cama por un abusador de niños que se dispone a silenciarla. Este macabro episodio que experimenta la pequeña protagonista del relato no es más que una manifestación de su inconsciente luego de presenciar a su padre suicida, diagnosticado con un cáncer terminal, desangrándose sobre los azulejos del baño. “¿Lloramos porque nos sentimos tristes por los muertos o por nosotros mismos?”, reflexiona Fuki, sobre imágenes de sus compañeras de clase sollozando, con la curiosidad propia de una niña de su edad.

Durante los primeros compases de la película (el sueño que Fuki recita a sus compañeros de clase) encontramos a nuestra protagonista inmersa en el contenido descontextualizado de un videocasete: grabaciones caseras de diferentes niños llorando. Esta primera aproximación con el sufrimiento ajeno lleva a Fuki a exponerse a otras formas de miseria, como la desnutrición en África, imágenes de archivo sobre el Holocausto o las secuelas de la primera detonación de la bomba atómica. En algún punto se alude que Fuki, una prodigia con las palabras, es diferente, lo cual explicaría la forma en la que ella ve al mundo, pero Hayakawa no le da más tracción al concepto de que las personas con sensibilidades artísticas perciban su entorno diferente al resto.

Al igual que El extranjero, una obra literaria que debería ser lectura obligatoria para cualquier aspirante a escritor, Renoir tiene de protagonista a un personaje extremadamente pasivo. Pero a diferencia de la novela, donde mucho acontece alrededor de Meursault para equilibrar esa pasividad, Fuki, en detrimento de la narración, es una simple observadora, dueña de una mirada vacía y hasta morbosa.

En manos correctas, la mirada puede ser una herramienta poderosa para cualquier cineasta, pero en Renoir es un cuchillo sin filo, una disertación superficial, incapaz de sustentar las casi dos horas de metraje, bien retratada como producto de la rica imaginación de una niña de 11 años.

Renoir es distribuida en Estados Unidos por Film Movement.

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