Borat Subsequent Moviefilm de Jason Woliner.

3/5

Un día después del último asalto entre el candidato republicano Donald Trump y el candidato demócrata Joe Biden, Borat Subsequent Moviefilm arribó al catálogo de Amazon Prime Video, y no fue una coincidencia. 

En época de elecciones – y crisis por coronavirus -, Sacha Baron Cohen vuelve a ponerse bajo la piel – y ese característico mostacho – de una de sus creaciones más desfachatadas: Borat Sagdiyev, el retrógrado reportero kazajo que visitó Estados Unidos hace catorce años para aprender de su cultura, conocer a la mujer de sus fantasías, Pamela Anderson, y molestar a un montón de personas con su ideología machista de tercer mundo. Sin embargo, si en esa primera entrega Cohen había tejido un resonante discurso sobre la idiosincrasia americana, un poco más y casi que con la camiseta de Biden puesta, el comediante deja ver sus colores apuntando su mira sobre un grupo en particular: conservadores.

Tras haber ridiculizado ante los ojos del mundo a la nación de Kazajistán, Borat es encarcelado en un gulag donde como castigo hace trabajo forzado. Catorce años después, es liberado por el Presidente de la República con la misión de entregar al “ministro de cultura”, un mono llamado “Johnny”, como una ofrenda para Donald Trump. Antes de partir de regreso a Estados Unidos, Borat se entera que tiene una hija de quince años llamada Tura (Maria Bakalova) que duerme en un rebaño y añora con vivir como una princesa. Cuando Borat, ahora escondido detrás de un disfraz al ser reconocido en las calles, desembarca en Texas, descubre que su hija se escabulló en el cargamento en el que viajaba Johnny y que hasta se lo comió. Sin un regalo que entregar, y luego de consultarlo con el líder de Kazajistán por fax, Borat decide entregar a su hija al Vice-Presidente de los Estados Unidos, Mike Pence.

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Así como en Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán, el hilo conductor de esta continuación radica en una nueva misión que lleva a Borat a incomodar a personas de un lugar otro. Mientras en la primera película Borat irritaba a feministas y rednecks con su mera presencia y preguntas irreverentes, el guion de ésta, como si se tratara de alguna docu-serie de Netflix, fue diseñado para enterrar a Trump, su administración y sus seguidores lo más que sea posible, ya sea ligando al Presidente con Jeffrey Epstein o haciendo la muy racista suposición (muy a lo Biden, por cierto) que las personas negras que voten por él no son realmente negras.

Filmada en secreto con la intención de degradar al partido republicano de cara a las elecciones del próximo mes, hay que dar crédito al guion que Cohen co-escribió con otras siete personas (entre ellas, Peter Baynman, Anthony Hines y Dan Swimer, quienes firmaron el libreto de la primera película) por incorporar la pandemia a la trama, así sea para mofarse de quienes dudan de la mortalidad del virus o que culpan a China por su propagación.

En líneas generales, el personaje de Borat sigue siendo tan políticamente incorrecto como siempre. Y aunque se aprecian pequeños momentos de imparcialidad como exponer el blackface del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, Borat Subsequent Moviefilm olvidó la cualidad de su antecesora de ser la portadora de la verdad incómoda para reducirse a una simple diatriba anti-Trump.

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