Críticas

Crítica: Había una vez en Hollywood – Tarantino, al fin de cuentas

3.5/5

Cuando se discute sobre la originalidad en el cine se pasa por alto que éste tiene poco o nada de ello. De hecho, alguien que sabe al respecto es Quentin Tarantino, director que no se caracteriza por rendir homenaje a sus fuentes de inspiración, ya que según él roba directamente de ellas. Es el hecho de beber de tantas, sumado a su habilidad innata como guionista, que da como resultado el estilo que lo ha delineado desde el estreno de su ópera prima en 1992, Perros de la calle.

Se hace hincapié sobre la originalidad – o carencia de la misma – en la filmografía de Tarantino porque es difícil situar su nueva película, Había una vez en Hollywood, por cómo superficialmente se vería: un homenaje al cine, ya que esta, su novena y seguramente penúltima película, funciona mejor como una crónica descontextualizada que es fiel a los altos y bajos de la vida de un actor.

En Hollywood de 1969 Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es un actor de televisión en pleno descenso. Desencantado por la posibilidad de tener que grabar películas de vaqueros en Italia, Dalton y su doble de acción, Cliff Booth (Brad Pitt), un veterano de la Segunda Guerra Mundial de quien se dice mató a su esposa, ven una oportunidad de abrirse paso en el cine cuando descubren que el director Roman Polanski (Rafał Zawierucha) y su esposa, la actriz Sharon Tate (Margot Robbie), se mudan a la casa de al lado. Todo mientras el culto de Charles Manson comienza a dar sus primeros pasos en la ciudad.

Después del estreno de Los ocho más odiados en 2014, Tarantino reveló que planeaba retirarse de la dirección cinematográfica con su décima película. Había una vez en Hollywood está muy lejos de ser un fracaso, pero se siente como un film dirigido por alguien que se ve con un pie fuera de la industria, porque es uno de sus trabajos más carentes de fuerza.

Tarantino es un director perfectamente al tanto de la mimesis en el cine. Pero no sólo toma de otras películas, sino que se apropia de contextos, como en Bastardos sin gloria, una reimaginación situada entre la Segunda Guerra Mundial que pinta a Hitler como un cobarde, y Django sin cadenas, la historia sobre la rebelión de un esclavo. Si en Había vez en Hollywood piensan que Tarantino va a ser fiel a los hechos es probable que se lleven una agradable sorpresa porque el director le ha dado su propio toque a la tragedia de Sharon Tate, y no le hace ningún favor a la “familia” de Manson ni al propio Bruce Lee en el proceso.

Tratándose de alguien cuyo amor por el cine es notorio – de no ser así es probable que los guiños en sus películas sean menos obvios -, Había una vez en Hollywood, más que un retrato sobre la carrera de un actor en declive, funciona mejor como la vívida representación de una ciudad a la que el cine le sale por los poros. La película lo pinta como un todo: la ciudad, las salas de cines (la mención del Cinerama no podía faltar), las películas, las series de televisión y las fiestas de las que mucho se habla. Si algo queda claro, es que más que ser un actor la actuación representa un estilo de vida.

Las casi tres horas son cuestionables, pero si se lo piensa mejor, ¿cómo es que no ha sido sino hasta ahora que no hemos visto a DiCaprio y Pitt en una misma película? Margot Robbie no tiene mucho que hacer. De hecho, apenas tiene diálogos. Pero incluso en lo reducido que está su rol la actriz cumple dando vida a una Sharon Tate que no hace mayor cosa que simplemente existir ya que hay que aclarar algo: Había una vez en Hollywood no es la película sobre los asesinatos del culto de Charles Manson.

De cara al final la película pierde fuerza, pero recobra vida dando un giro tarantinezco, si se lo puede llamar así, que es verdaderamente memorable incluso por más absurdo que sea.